Tegucigalpa, Honduras. Las largas filas que rodean las instalaciones del Hospital Psiquiátrico Mario Mendoza desde horas de la madrugada ya no solo son para buscar medicamentos; ahora reflejan una alarmante realidad que golpea a la sociedad hondureña: un incremento sin precedentes en las solicitudes de atención por trastornos de salud mental.
De acuerdo con los datos estadísticos más recientes del principal centro asistencial psiquiátrico del país, la demanda de consultas externas y de emergencias ha experimentado un repunte considerable. Patologías como la depresión severa, los trastornos de ansiedad, el estrés postraumático y los brotes psicóticos encabezan las razones por las cuales cientos de ciudadanos buscan auxilio médico a diario.
Las causas detrás del colapso emocional en Honduras
Expertos en psicología y psiquiatría coinciden en que el aumento de pacientes no es casualidad. La salud mental de la población está directamente ligada a los entornos económicos y sociales del país. Entre los principales detonantes identificados en las consultas destacan:
- Presión económica e inflación: El desempleo y el encarecimiento constante de la canasta básica y los servicios públicos generan niveles extremos de estrés crónico y ansiedad en los jefes de hogar.
- Violencia y desintegración familiar: El impacto de la criminalidad, sumado al duelo migratorio (familias separadas por el viaje irregular hacia Estados Unidos), deja secuelas emocionales profundas en jóvenes y adultos mayores.
- Secuelas post-pandemia: Los desajustes emocionales heredados del confinamiento y las pérdidas humanas por el covid-19 continúan manifestándose años después en la población.
Desabastecimiento de fármacos: El doble drama de los pacientes
La crisis en el Mario Mendoza va más allá del colapso en las salas de espera. Los pacientes y sus familiares denuncian constantemente un enemigo histórico: la falta de medicamentos psiquiátricos esenciales.

Fármacos de uso diario para controlar la esquizofrenia, la bipolaridad o la depresión grave suelen estar agotados en la farmacia interna del hospital. Para una familia de escasos recursos que viaja desde el interior del país (como los departamentos de Olancho, El Paraíso o Choluteca), recibir una receta médica sin medicamentos significa un golpe devastador, ya que en el sector privado estos tratamientos pueden costar varios miles de lempiras mensuales.
Falta de descentralización y estigma social
Uno de los mayores retos de la salud pública en Honduras es que la atención psiquiátrica especializada sigue concentrada casi en su totalidad en la capital (Hospital Mario Mendoza y Hospital Santa Rosita). Un ciudadano en San Pedro Sula, La Ceiba o Santa Rosa de Copán enfrenta serias dificultades para acceder a una cita con un psiquiatra en el sistema público de forma inmediata.
A esto se suma el persistente estigma social. «Muchos pacientes llegan al hospital cuando ya se encuentran en una fase crítica o con un brote psicótico severo, precisamente porque postergan la búsqueda de ayuda por miedo a ser señalados o llamados ‘locos’ por su entorno», lamentan profesionales de la salud mental.
Las autoridades sanitarias enfrentan el enorme desafío de presupuestar mayor infraestructura para la salud mental, garantizar el abastecimiento perenne de psicofármacos y expandir las consultas a los centros de salud a nivel nacional para evitar que el Mario Mendoza siga desbordando su capacidad operativa.




















